Fernando

Publicado: 03/03/2021
Autor

Rosa G. Perea

Rosa G. Perea es escritora. Es cofundadora del Club de Lectura del Ateneo de Sevilla y editora en Almuzara

La Gatera

Como escritora, editora y colaboradora en medios de comunicación, Rosa G. Perea habla de todo, predominando la cultura

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No quiero contar los años que se cumplen desde que te fuiste, Fernando. No quiero porque las tristezas y las ausencias no se pueden medir. Uno echa de menos...
No quiero contar los años que se cumplen desde que te fuiste, Fernando. No quiero porque las tristezas y las ausencias no se pueden medir. Uno echa de menos a alguien y punto. No hay sistema métrico que ponga baremo a la congoja. No se me da bien escribir de ti, es más, se me da tan mal, que mientras tecleo esto no sé si terminaré borrándolo todo y haciendo lo que hago siempre que te recuerdo, guardar silencio.


50 años de amistad no caben en un ataúd, fue lo que pensé aquella mañana en la que me llamó mi hermana desde Madrid para decirme que Sevilla amanecía con la noticia de que Fernando Carrasco, el periodista más querido de esta ciudad (sí, el más querido, te lo aseguro), nos había dejado inesperadamente, en un momento. Porque Fernando, te fuiste en un instante, tú que eras el rey de las prisas. Tú al que suplicaba que se estuviera quieto mientras paseaba de un lado a otro de mi despacho, aquellas tardes cuando editábamos la historia del Hombre que esculpió a Dios, tu novela querida, con la que tanto disfrutamos y la que siempre llevará tu mano en la gubia de sus páginas.


50 años de amistad y nos quedamos a medias en aquella conversación. Libia lo sabe. Nos quedamos a medias, en aquellos enfados nuestros que tanto se parecían a los que teníamos de niños. A los de aquellos veranos en Valencina de bicicletas y cine, de piscinas y ensayo de teatro. Nuestros enfados y Libia riendo porque sabía mejor que nosotros dos, que en cada enfado había más cariño de amigos que otra cosa. Pero yo querría haber terminado aquella conversación…


Cómo me hubiera gustado contarte que tus novelas han cruzado el charco, que siguen siendo éxitos de ventas, y que siguen decorando los escaparates. Que la gente sigue queriendo ver la obra de teatro que pariste con tanto celo. Que seguimos intuyendo la sonrisa dulce de Libia en cada línea que dejaste escrita. Que a pesar de la pandemia, Sevilla tiene el sonido de cada mes de marzo. Que este artículo será uno más de muchos que se escribirán hoy recordándote, porque tu ausencia es tan grande que se convierte en presencia rotunda en cada esquina de esta Sevilla sin Cuaresma, de esta Sevilla sin Fernando Carrasco, de esta Sevilla que es menos Sevilla desde que tú no la paseas con tus ojos y tu libreta.

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