Libertad con ira

Publicado: 25/02/2021
Autor

Francisco Palacios

Palacios es matemático y programador. Publicó su único libro hace ya unos años y sigue siendo el autor más leído de su calle

El pobrecito hablador

Escribo sobre lo que me gusta, pero sobre todo sobre lo que me disgusta, como un grito desesperado para no ganarme una úlcera

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En mi particular opinión, los dioses del rap son Pepe da Rosa y Lola Flores cantando “Cómo me las maravillaría yo”
Sinceramente, he oído muy poco de Pablo Hasel o a Valtónic, y particularmente, me parecen dos petardos de raperos, si los comparamos con los Violadores del Verso, o la Mala Rodriguez. En mi particular opinión, los dioses del rap son Pepe da Rosa y Lola Flores cantando “Cómo me las maravillaría yo”.

Pero creo que estamos enfocando mal el problema, o nos están empujando a verlo desde el punto de vista equivocado, centrando nuestra visión en cuestiones que no son las realmente importantes en un tema tan sensible cono es el de la libertad de expresión.

Como ciudadano de a pie, no me molesta tanto si un juez considera que una letra de una canción sea punible y merecedora de condena. Lo que realmente me indigna es el doble rasero con el que la Justicia trata el mismo tema, dependiendo de quién sea su protagonista.

No me parece de recibo que, mientras unos vayan a la cárcel por la letra de una canción, nadie haya tomado la más mínima medida ni haya alzado unos decibelios siquiera la voz cuando se permite una manifestación que enaltece a la División Azul, que no luchó precisamente por la libertad de los pueblos oprimidos, y en la que, voz en grito, se escucha una arenga contra el judío, así, en general, señalándolo como culpable. ¿Culpable, de qué, exactamente? ¿Eso no constituye delito de odio? ¿No es enaltecimiento del fascismo? ¿Por qué unos están tan controlados y otros se manifiestan con total impunidad?

No, no es justo. Se mire como se mire. De la misma manera que tampoco lo es el chantaje al que se somete el sistema cuando se equipara la bandera del colectivo LGTBI con la de Falange. Equiparar un movimiento que lucha por los derechos de un colectivo que sigue sufriendo discriminación en todos los sentidos con los que decían “café, dadles más café” no es ya un insulto hacia gays, lesbianas, trans y bisexuales, sino hacia todas las personas que creemos en los valores democráticos. El hecho de que dicho chantaje se haga intramuros del lugar en el que descansa la soberanía del pueblo andaluz lo hace doblemente vergonzante, doblemente insultante, doblemente sonrojante.

La Justicia se basa en la equidad, en el equilibrio, en la igualdad para todos, sea cual sea su cuna, su estrato social, su condición sexual. Si no es así, llámenlo como quieran, pero no Justicia. Y quítenle la venda, que no cuela.

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