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Lunes 17/06/2024  

Lo que queda del día

Volver a los 19: la vida antes y después de la pandemia

Hemos terminado por enmarcar nuestras vidas entre “antes” y “después” del Covid

Publicado: 16/03/2024 ·
17:50
· Actualizado: 16/03/2024 · 17:56
Autor

Abraham Ceballos

Abraham Ceballos es director de Viva Jerez y coordinador de 7 Televisión Jerez. Periodista y crítico de cine

Lo que queda del día

Un repaso a 'los restos del día', todo aquello que nos pasa, nos seduce o nos afecta, de la política al fútbol, del cine a la música

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Marta acaba de cumplir 19 años. No envidio su edad, sino todas las cosas que puede hacer a su edad comparadas con las que yo podía hacer cuando tenía 19. Por ejemplo: si le entran ganas de escuchar el último disco de su grupo favorito, no tiene más que ir a Spotify, buscarlo y darle al play. Más. Si escucha en cualquier sitio una canción con la que conecta, pero no conoce el título ni el autor, abre una aplicación que se la identifica a los cinco segundos. Y eso vale para todas las épocas, estilos y grupos; incluida la letra para corearla al mismo tiempo. 

Cuando yo tenía 19 años nuestro spotify se llamaba Discoplay: apuntabas los códigos de cada disco, los encargabas y en dos semanas ibas a recogerlos a correos a cambio del pago en metálico. Si no tenías dinero para el disco, comprabas la cassette virgen e intentabas que algún amigo te lo grabara o metías la cinta en el equipo y esperabas a que alguna emisora pinchara la canción, y hasta mandabas a la mierda al dj si te la pisaba con su presentación o con un anuncio. Los que estudiamos en Sevilla terminamos por cambiar el Discoplay por el Sevilla Rock, y las cintas ya grabadas las podías comprar en el mercado pirata de la Alameda de Hércules los domingos por la mañana.

Con las películas ocurre otro tanto de lo mismo. Ahora, si lo prefiere, ni siquiera tiene que ir al cine a verlas, aunque le guste hacerlo. En casa cuenta con acceso a un catálogo de más de cinco mil títulos a través de las diferentes plataformas de streaming, entre ellos, algunos recientes, en exclusiva e incluso en cartelera. Lo mismo sucede con los libros: todos al alcance de un clik. Forma parte de los denominados “nativos digitales” y los intercambios de archivos y mensajes se hacen por whatsapp, no por correo ordinario o durante el recreo. Creo que no ha utilizado nunca una cabina, ni comprado nunca un sello para enviar una carta. Salvo por el dichoso asunto de las redes sociales, casi todo son ventajas.

También podríamos hablar de las posibilidades para viajar, de hacer intercambios educativos, de acceder a nuevas carreras... sólo por ir ampliando la brecha generacional, pero hay otras cosas que no han cambiado tanto, como la corrupción política. Yo viví el caso Roldán y ella ahora el caso Koldo. O la política, sin más adjetivos. A mis 19, el Gobierno de Felipe González enfilaba sus años de decadencia. Ella también ha tenido ocasión de conocerlo a sus 19, más mayor, más sabio, más sensato, describiendo la decadencia de quien 30 años después ostenta sus mismos cargos de entonces, en el ejecutivo y en el PSOE. Nada cambia, ni siquiera la alternancia posible tras el espejismo del 15M.

Pero por encima de todo hay dos circunstancias que diferencian sus 19 de mis 19: una pandemia y un futuro de incertidumbres marcado por las guerras y la preservación del medio ambiente. Esta semana se han cumplido cuatro años del primer decreto de alerta sanitaria, convertido a su vez en una especie de frontera vital: hemos terminado por enmarcar nuestras vidas entre “antes” y “después” del Covid 19. Todos perdimos a alguien o algo, pero ella, y todos los de su mismo rango de edad, también perdieron, al menos, un año de su vida de adolescentes, un año decisivo dentro de su formación emocional y académica, vivido entre las cuatro paredes de un dormitorio y conectados al exterior a través de una videollamada.

El mundo que se le abre por delante también puede ser maravilloso, pero los que cumplimos 19 hace ya décadas tampoco nos hemos esforzado lo suficiente para hacerlo realidad, ya sea porque nos encaminamos a una nueva guerra fría, porque consumimos en exceso, nos cuesta reciclar, usar transporte público o bicicleta, y porque actuamos como si ya diéramos por hecho que nos va a tocar echar la llave por debajo de la puerta. Si somos un mal ejemplo para ellos, espero que estén a tiempo para darse cuenta.

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